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Domingo 16º del Tiempo Ordinario
Ciclo A

19 de julio de 2020
 

Ni intolerancia, ni triunfalismo, ni indiferencia

      Ni intolerancia ante la diferencia, ni triunfalismo en relación con lo nuestro, ni indiferencia ante el mal que se ha instalado en el mundo. Ninguna de estas actitudes es propia de los seguidores de Jesús, de quienes se van incorporando al Reino de Dios: firmeza, sí, pero respetuosa, honda satisfacción, pero no altiva soberbia; y un horizonte utópico esperado y empujado con los pies sobre la tierra.

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Domingo 15º del Tiempo Ordinario
Ciclo A

12 de julio de 2020
 

Buena tierra... ¿preparada?

    La palabra de Dios, y en concreto el mensaje de Jesús, no echa raíces en cualquier sitio. El sembrador siembra semilla buena, pero, para que pueda germinar y dar fruto, necesita que la tierra esté adecuadamente preparada para recibirla. Si no es así, la semilla se perderá y la tierra quedará infecunda. ¿Cómo, entonces, hemos de preparar la tierra que cada uno somos, para que la semilla germine?

 

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Domingo 14º del Tiempo Ordinario
Ciclo A

5 de julio de 2020
 

Sabiduría... ¿Qué sabiduría?

 

     En la tradición cristiana, la relación de la ciencia con la fe no ha sido fácil. Desde aquellos primeros filósofos que acusaban de irracionales a los primeros cristianos por tener fe y contra quienes reaccionaron los escritores que conocemos como apologistas, hasta los investigadores contemporáneos que consideran incompatible la fe con el progreso de la ciencia, pasando por los sabios renacentistas perseguidos por la inquisición de los que Galileo es el ejemplo más conocido, muchos han sido los conflictos entre los dogmas religiosos y la ciencia. Y, con frecuencia,  el transcurso del tiempo parece que ha ido dando la razón a los científicos. ¿Serán incompatibles razón y creencia trascendente, inteligencia humana y fe en Jesús de Nazaret? ¿Es eso lo que quiere decir el evangelio de este domingo?

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Domingo 13º del Tiempo Ordinario
Ciclo A

28 de junio de 2020
 

¡Paz, paz! Pero ¿qué paz?

    El profeta Jeremías denuncia con energía a los dirigentes del pueblo porque, dice, «pretenden curar por encima la fractura de mi pueblo diciendo: Paz, paz. ¡Y no hay paz!» (Jer 6,14). Nuestros días no son, por cierto, días de paz. La pandemia parece que nos ha hecho olvidar los conflictos armados que hay en este momento en el planeta...Y, además, en medio de una situación crítica desde el punto de vista sanitario, a ningún mandatario del mundo se le ha ocurrido dedicar a preservar la vida los inmensos gastos que se destinan a amenazarla: el gasto militar que justifican como algo necesario para asegurar la paz, su paz.
    Pero hay otra paz; aunque para lograrla es necesario asumir el riesgo de que no nos dejen en paz.

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Domingo 12º del Tiempo Ordinario
Ciclo A

21 de junio de 2020
 

Perder el miedo, alzar la voz.

      Las persecuciones no terminaron con el Imperio Romano. Esas, lejanas en el tiempo, nos las ponen en el cine para que olvidemos las presentes. Anunciar en público que Dios es Padre y que todos podemos ser sus hijos sigue provocando reacciones violentas de quienes quieren ser padres o amos, pero nunca hermanos. La lucha por la justicia, el trabajo por el Reino de Dios, siempre encontrarán oposición y algunos serán perseguidos, torturados, marginados, eliminados... Seamos cautos, pero no nos callemos; seamos prudentes, pero no nos acobardemos. Y siempre confiemos en el único Señor, en el Padre único que a todos nos quiere hermanos.

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Corpus Christi - Ciclo A

14 de junio de 2020
 

Compartir el pan, compartir la vida

    Celebrar la eucaristía no puede quedarse en un rito mágico ni en una ceremonia vacía; ni siquiera puede ser una devoción seria, pero individual, ajena a los problemas de la vida o el trabajo, del mundo o la sociedad; tampoco un momento de simple recogimiento, de experiencia meramente interior. Por supuesto que no puede ser una experiencia superficial; pero eso no significa que se agote en sí misma ni mucho menos en mí mismo. Ha de ser una experiencia abierta a la vida de Dios que como amor se recibe y que necesariamente se comunica como amor a los hermanos, como amor a la humanidad.

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Domingo de la Santísima Trinidad
Ciclo A

7 de junio de 2020
 

Trinidad: Vida, Amor y Libertad

    El nuestro es un Dios que, porque da la vida, es PADRE, porque entrega su vida para hacer que lleguen a ser hijos sus hermanos es HIJO y, como vida que se entrega para que los hermanos se quieran, es ESPÍRITU. Un Dios que ha querido manifestarse como Hombre entre los hombres y que ha querido que el hombre pase, como Hijo, a formar parte de la divinidad. Un Dios que es amor, sólo amor, en sí mismo y en sus relaciones con el hombre. Un Dios al que damos gloria cuando hacemos que su misericordia reine entre nosotros. Un Dios que se define a sí mismo por su relación con la humanidad: Padre de los hombres, hermano de los hombres y vida, amor y libertad de los hombres1.
    Esto es lo que celebramos este domingo.

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Domingo de Pentecostés - Ciclo A

31 de mayo de 2020
 

Palabra, Espíritu y Vida

   Entenderse a fondo, dice la filosofía del lenguaje, supone compartir la vida. La Palabra de Dios nos dice hoy que hay una Palabra -la suya, que puede ser nuestra- que es vida; y nos ofrece una vida -su Espíritu, también a nuestra disposición-, que hace transparente e inteligible la palabra. A pesar de ello, ni nos entendemos, ni contribuimos a que otros se entiendan. ¿Hemos olvidado aquella Palabra o hemos expulsado de entre nosotros al Espíritu?

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Ascensión del Señor - Ciclo A

24 de mayo de 2020
 

Alcanzar el Cielo pisando Tierra

   La Ascensión de Jesús significa que él, después de resucitar, subió a la casa del Padre y se instaló junto al Él. Con esto, estamos afirmando: que Dios está y estuvo siempre con Jesús y no estaba, ni está, con los que lo mataron; que su proyecto está respaldado por el mismo Dios y, por tanto, es posible, pues al resucitarlo y llevarlo junto a él, el Padre le dio la razón y se la quitó a sus enemigos; y que nuestra esperanza no está vacía, pues la presencia de Jesús junto al Padre, la avala definitivamente. Y que en Jesús la humanidad queda definitivamente divinizada y, al mismo tiempo, la divinidad, humanizada.

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