PREGÓN DE SEMANA SANTA

 Montefrío, 15 de marzo de 2015

Rafael Jesús García Avilés

 

 

          Sra. Alcaldesa de Montefrío, Sr. Cura Párroco, Hermanas y Hermanos mayores de las Cofradías y Hermandades de Montefrío, hermanas, hermanos, cofrades, público asistente:

         La verdad es que no sé muy bien por qué me habéis elegido para este acto. No soy un experto en religiosidad popular. Y desde los 10 años no recuerdo haber pasado una semana santa completa en Montefrío. Tampoco soy experto en manifestaciones de religiosidad popular ni en imaginería religiosa…
          Si sé por qué he aceptado.
         Primero, quizá, por vanidad. Me siento orgulloso y agradecido de que hayáis pensado en mí. A mi manera, llevo a Montefrío en lo más profundo de mi ser. Y digo, a mi manera, porque para mí el ser montefrieño es mi manera de ser ciudadano del mundo, deseoso de ver que algún día, sin perder nuestra particular cultura y filosofía de la vida, todos los pueblos del mundo podamos formar una cofradía -esto es, una fraternidad, una hermandad- universal.
         Y la segunda razón ya está anunciada en lo que acabo de decir: mi deseo de ver a la humanidad constituida en una familia común nace, precisamente, de lo que me habéis pedido que proclame: que dentro de unos días vamos a recordar y a celebrar unos acontecimientos que cambiaron el curso de la historia, es decir, que hace ya más de dos mil años un hombre en el que Dios quiso hacerse presente, Jesús de Nazaret, entregó su vida para que sea posible que un día los hombres, todos los hombres, varones y mujeres podamos llegar a ser y vivir como hermanos, hijos de un único Padre. Y esta es una de las ideas fuertes, sin duda la más potente, de las que han dado sentido a mi vida.
         Porque, supongo, que lo que me pedís es que hable de lo que yo sé; y como la filosofía, que ha sido parte muy importante de mi actividad profesional no tiene mucho que decir sobre la Semana Santa, entiendo que lo que queréis es que os ofrezca una visión de la semana santa desde la biblia, desde el evangelio. Y eso es lo que voy a hacer.

Visita pastoral del papa Francisco a Pompeya y a Nápoles

Encuentro con la población de Scampia y con diversas categorías sociales.
 

Plaza de san Juan Pablo II, Nápoles.

Sábado, 21 de marzo de 2015

 
Queridos hermanos y hermanas, buenos días.
 
            He querido empezar aquí, desde este barrio periférico, mi visita a Nápoles. ¡Os saludo a todos vosotros y agradezco vuestra calurosa acogida! ¡Se ve claramente que los napolitanos no son fríos! Doy las gracias a vuestro arzobispo por haberme invitado -incluso por sus amenazas, si no hubiera aceptado venir a Nápoles- y por sus palabras de bienvenida; y gracias a todos los que han ofrecido su voz para dar a conocer la realidad de los migrantes, de los trabajadores y de los magistrados.
 
            Pertenecéis a un pueblo con una larga historia, atravesada por vicisitudes complejas y dramáticas. La vida en Nápoles nunca ha sido fácil, ¡pero jamás ha sido triste! Este es vuestro recurso más grande: el gozo, la alegría. El camino de cada día, en esta ciudad, con sus dificultades y sus incomodidades y, a veces, sus duras pruebas, produce una cultura de vida que ayuda siempre a volverse a levantar después de cada caída, actuando de tal modo que el mal no tenga nunca la última palabra. Este es un hermoso reto: no permitir jamás que el mal tenga la última palabra. Y la esperanza, bien lo sabéis, este gran patrimonio, esta "palanca del alma" de tanto valor, pero también expuesta a sufrir asaltos y latrocinios.

 

 

SAN ROMERO DE AMÉRICA

Juan José Tamayo

A las seis y veinte de la tarde del 24 de marzo de 1980 era asesinado por un francotirador de un tiro en el corazón monseñor Oscar A. Romero, arzobispo de San Salvador (El Salvador), mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, en la colonia de Miramonte. Fueron testigos cincuenta personas que asistían al acto religioso y quedaron atónitos e impotentes ante tamaño acto criminal. [...]

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MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
XLVIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2015

 

NO ESCLAVOS, SINO HERMANOS

 

1. Al comienzo de un nuevo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos de sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a nuestra común vocación de colaborar con Dios y con todos los hombres de buena voluntad en la promoción de la concordia y la paz en el mundo, resistamos a la tentación de comportarnos de un modo indigno de nuestra humanidad.

DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO

A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO MUNDIAL DE

MOVIMIENTOS POPULARES

Aula Vieja del Sínodo

Martes 28 de octubre de 2014

  

    Buenos días de nuevo, estoy contento de estar entre ustedes, además les digo una confidencia, es la primera vez que bajo acá, nunca había venido. Como les decía, tengo mucha alegría y les doy una calurosa bienvenida.
    Gracias por haber aceptado esta invitación para debatir tantos graves problemas sociales que aquejan al mundo hoy, ustedes que sufren en carne propia la desigualdad y la exclusión. Gracias al Cardenal Turkson por su acogida. Gracias, Eminencia, por su trabajo y sus palabras.
    Este encuentro de Movimientos Populares es un signo, es un gran signo: vinieron a poner en presencia de Dios, de la Iglesia, de los pueblos, una realidad muchas veces silenciada. ¡Los pobres no sólo padecen la injusticia sino que también luchan contra ella!