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Formulario de acceso

Domingo 19º del Tiempo Ordinario
Ciclo C

7 de agosto de 2022
 

Confiados... ¡y comprometidos!

 

    Cuando el evangelio dice que no debemos confiar en las riquezas y que toda nuestra seguridad debemos ponerla en Dios, no quiere decir que debamos sentarnos a esperar a que la solución de nuestros problemas baje, sin más, del cielo; del cielo bajará, pero siempre que no esperemos sentados, sino activos, confiados en que Dios no permitirá que se frustren nuestro esfuerzo y nuestro compromiso.

Domingo 20º del Tiempo Ordinario
Ciclo C

14 de agosto de 2022
 

Paz... ¿pero qué paz?

    ¡Qué fácilmente nos engañan y nos dan otra cosa (pasividad, indiferencia... y hasta muerte) con el nombre de «paz»! Jesús rechaza esa falsa paz, basada en la mentira y en la injusticia, así como la unidad fundada en el silencio cobarde o en el sometimiento y la complicidad; por eso declara la guerra a la falsa paz; por eso subordina el compromiso con el mundo nuevo que él propone a cualquier tipo de “unidad”. Por supuesto que esta guerra no contradice su compromiso de amor: nace de él.

Asunción de María
Ciclo C

15 de agosto de 2022
 

Espiritualidad de liberación


    Palabras atribuidas a la madre de Jesús, conservamos pocas. El fragmento más largo que los evangelios ponen en boca de María es el himno que conocemos por la palabra con la que comienza su traducción latina, “Magnificat”. Se trata de un himno de acción de gracias por el cumplimiento de las promesas y la realización de la justicia de Dios.
    En todo este pasaje está presente la fuerza del Espíritu del Señor. Por eso debería servirnos para entender cuál es la verdadera espiritualidad cristiana: la conciencia de la presencia de Dios y la experiencia de la fuerza de su Espíritu en el compromiso y en la lucha por la liberación.

Domingo 21º del Tiempo Ordinario
Ciclo C

21 de agosto de 2022
 

Puerta estrecha... ¿Para quiénes?
 

    ¿Son muchos los que se salvan? Si tenemos en cuenta que ser seguidor de Jesús y estar salvado son una misma cosa y si son auténticos cristianos todos los que dicen que lo son... no parece que la respuesta a esa pregunta sea demasiado difícil.
    Pero, ¿no debería ser muy distinto el mundo si fuéramos coherentes los que nos llamamos seguidores de Jesús? O, ¿no estaremos engañados -y engañando- acerca de lo que es ser cristiano? ¿No habremos entrado por la puerta equivocada?

Domingo 22º del Tiempo Ordinario
Ciclo C

28 de agosto de 2022
 

Humildad: autoestima más solidaridad

    La humildad es una virtud sólo si es expresión de la solidaridad y el amor. Sentirse o considerarse pequeño debe tener, como motivación, el respeto y el reconocimiento de la valía de los demás, nunca el desprecio de nosotros mismos; y como objetivo primordial la solidaridad con los más pequeños y el compromiso en la construcción de un mundo sin soberbias ni humillaciones, un mundo de personas hermanadas, simbolizado en los evangelios mediante la imagen de una fiesta, de un banquete. En ese banquete no hay puestos de privilegio, y si se pone un asiento más alto, ese puesto será siempre para alzar e igualar al más pequeño.
    La vida no debería ser una permanente competición. O tal vez sí; pero en este caso el único competidor a superar, debe ser uno mismo.

Domingo 23º del Tiempo Ordinario
Ciclo C

3 de septiembre de 2022
 

Decisión consciente y libre

   A Jesús no le gusta la popularidad fácil y trata de eludir el baño de multitudes que no le habría sido difícil alcanzar muy pronto y mantener a lo largo de toda su actividad.  La radicalidad de sus exigencias y la claridad con que las plantea a todos los que lo escuchan muestra a las claras que lo que a él le interesaba de verdad es que la decisión de seguirlo fuera adulta, consciente, libre y responsable.

Domingo 24º del Tiempo Ordinario
Ciclo C

10 de septiembre de 2022
 

Un Padre que sólo es libertad y amor

 

    Nos han acostumbrado a temer a Dios y nos cuesta trabajo aceptar que Dios es sólo amor. Pero así lo explica con toda claridad el evangelio de hoy, superando y completando la incompleta revelación que de Dios nos ofrece el Antiguo Testamento. El Dios eternamente enojado no es el Padre de Jesús; y no debe gustarle nada que pensemos que eso podría ser posible. Y nosotros, si realmente queremos ser sus hijos, debemos intentar parecernos a Él y renovar nuestro mundo, desde sus mismos cimientos, para que pueda ser un mundo de hermanos, hijos de un Dios que sólo es amor. Y, por eso, es fuente y garantía de verdadera libertad.

 

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