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Formulario de acceso

Domingo 5º de Pascua
Ciclo C

19 de mayo de 2019
 

Mandamiento nuevo

     para un Cielo y una Tierra nuevos

     Todo. El Cielo y la Tierra nuevos, desde sus cimientos. Una nueva creación que se caracteriza porque Dios se viene a vivir con los hombres. Un mundo en el que ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor...  Pero esto sólo es posible cuando todo sea verdaderamente nuevo: cuando el odio y la esclavitud, la injusticia y la violencia propios del mundo presente sean sustituidos por comportamientos alternativos que tengan su origen en el corazón de Dios. ¿Llegará a realizarse alguna vez? Para que empiece a nacer, para que se vaya consolidando... Os doy un mandamiento nuevo...

6º Domingo de Pascua
Ciclo C

26 de mayo de 2019
 

Sin intermediarios

     Tampoco esto se lo habría podido imaginar el hombre: una religión sin necesidad de templos, una relación con Dios sin necesidad de intermediarios, o quizá si, con un único intermediario: el prójimo. Y el amor.

Ancensión del Señor
Ciclo C

2de junio de 2019
 

Somos testigos

     Jesús fue un utópico y un revolucionario: propuso cambiar este mundo para sustituirlo por otro totalmente nuevo en el que los hombres pudiéramos vivir como hermanos. Como le ha sucedido a casi todos los revolucionarios fue considerado un delincuente; como a todos los utópicos, lo tacharon y lo siguen tachando de visionario. La ascensión que hoy celebramos significa, sin embargo, que Dios le da la razón a él, que el Padre respalda su proyecto y declara suyas su revolución y su utopía. Y nosotros somos testigos de todo esto. ¿Cuál es nuestro testimonio?

Domingo de Pentecostés
Ciclo C

9 de junio de 2019
 

Fuego, agua, viento...

 

     Tres grandes aliados de la vida, pero también tres grandes enemigos del ser humano; tres fenómenos naturales que la humanidad nunca ha podido dominar del todo, experimentados  siempre  como una terrible amenaza si se desencadenan. La tormenta los contiene a los tres, el rayo, el aguacero y el huracán, terribles amenazas de muerte.
     Los tres son también símbolo del Espíritu: pero se trata de un fuego que no abrasa, un agua que no ahoga y un viento que no arrasa.
     Al final, el suave soplo del Espíritu acabará por apagar esos otros fuegos, dispersará los nubarrones amenazantes y apaciguará los huracanes, dejando abierta la esperanza de una humanidad reconciliada consigo misma y con Dios.