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Jueves Santo - Ciclo A

9 de abril de 2020
 

Amor liberador

    Todos queremos ser señores. Al fin y al cabo, desde el primer libro de la Biblia, el Génesis, se nos dice que Dios nos hizo para ser señores. Para Israel, Dios se había acercado a la humanidad para intervenir en la historia humana liberando de la servidumbre a quienes entonces eran un puñado de esclavos. Pero la experiencia nos dice que, en nuestro mundo, ser señor equivale a ser opresor. ¿Hay alguna otra alternativa?
    El gesto de Jesús que nos refiere el evangelio de Juan nos descubre un camino nuevo para acceder al señorío. No se trata de enmascarar la ambición de poder con palabras hermosas; se trata de que, según el evangelio, todos podemos ser señores, no por el poder que poseamos, sino por el amor que gratuitamente recibamos.

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Domingo de Ramos - Ciclo A

5 de abril de 2020
 

Pacífico y justo, humilde y victorioso.

    No es lícito decir que la muerte de Jesús fue una exigencia de Dios para expiar los pecados de la humanidad. No fue de Dios; fueron los poderosos de este mundo quienes quisieron tal sacrificio. Jesús, por su parte, asumió su muerte como consecuencia de su compromiso solidario con sus hermanos los hombres y con la justicia y la paz. La paz de los hombres con Dios y, de manera indisoluble con ésta, la paz de los hombres entre sí. Pero mientras los hombres fundan su paz en el miedo a las armas del enemigo, Jesús la cimentó en el don de su propia vida, en la aceptación de su muerte, que Dios aceptó no en cuanto muerte, sino como manifestación plena de su fidelidad y de su amor. Y este fue su modo de ser rey: servidor, constructor de la paz, y defensor de la justicia. Pacífico, justo y humilde. Y también -y por todo ello- rey victorioso.

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Domingo 5º de Cuaresma
Ciclo A

29 de marzo de 2020
 

La muerte es sueño

    El proyecto de Jesús está orientado a cambiar este mundo. En la perspectiva de Jesús el primer plano está ocupado por esta tierra, por esta historia; pero su horizonte tiene mucha más profundidad, hasta el punto de que la vista no alcanza a ver el final. Porque no hay final. Al contrario de lo que decía Calderón de la Barca, la muerte -no la vida- es sueño.

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Domingo 4º de Cuaresma
Ciclo A

  22 de marzo de 2020
 

Barro de nuestro barro

    El barro con el que Jesús unta los ojos del ciego de nacimiento simboliza su proyecto de hombre, imagen e hijo de Dios, hermano y solidario de los demás seres humanos. Responsabilidad de los cristianos es presentar al resto de la humanidad ese proyecto, de tal modo que el ver vivir a los cristianos debería ser una experiencia iluminadora y liberadora. Así haríamos caso a Pablo, el fariseo fanático y esclavo de la ley que, al encontrarse con Jesús, vio caer de sus ojos las escamas que le impedían ver la luz de la liberación: «Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-» (Ef 5,8-9).

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Domingo 3º de Cuaresma
Ciclo A

15 de marzo de 2020
 

Dónde encontrar a Dios

    No hay espacios privilegiados para la presencia de Dios (ni  Jerusalén, ni Roma, ni La Meca); cualquier sitio es bueno para encontrarse con el Padre, porque para él lo menos importantes es precisamente eso, el sitio. Él no tiene dirección fija y, para encontrarlo, no es necesario viajar... sino amar. Y para eso, cualquier sitio es bueno. Además, nadie se podrá sentir extraño cuando quiera estar con Dios; porque lo podrá encontrar en su trabajo, en su casa, con su familia, con sus amigos... En cualquier sitio en que se le presente la ocasión -y la aproveche- de poner en práctica el amor y la lealtad.

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Domingo 2º de Cuaresma
Ciclo A

8 de marzo de 2020
 

Hacia una humanidad transfigurada

    Hay mucha gente interesada en que nos creamos que ya hemos llegado al final: que ya no hay más historia y que, por tanto, no hay alternativa ante la situación presente. Sólo nos quedaría la tarea de consolidar lo que ya hemos conseguido.
    Pero la historia no ha terminado; las posibilidades de la humanidad no se han agotado. Y si creemos que Dios sigue queriendo ser Padre de todos los hombres y que Él quiere que todos vivamos como hermanos... todavía queda mucho camino por hacer. Y es Jesús el único que conoce todo el camino al final del cual veremos realizada -y que debemos mantener viva mientras la travesía dure- la esperanza de una humanidad transfigurada.

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Domingo 1º de Cuaresma
Ciclo A

1 de marzo de 2020
 

Sólo un pecado, una sola tentación

    Pecado. Para muchos esa palabra ha dejado ya de tener sentido. Para otros, sin embargo, hay muchas clases de pecados; casi todo, les resulta pecado.
    Es cierto que la palabra “pecado” nos resulta de otra época pero, ¿alguien puede negar que el mal gobierna el mundo? Pero si queremos darle ese nombre a algo, ese algo tiene que ser el querer ser dioses y quererlo ser, según nuestra más que discutible manera de entender lo que es un dios. Porque en ese deseo, en esa tentación, radica la mayor parte del mal que tiene su origen en la acción humana.

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Domingo 7º del Tiempo Ordinario
Ciclo A

23 de febrero de 2020
 

Saber mundano, amor cristiano

    La inteligencia en nuestro mundo parece estar casi siempre relacionada con el egoísmo y con el dinero: los inteligentes, los listos son los que saben aprovechar sus ocasiones para medrar, para enriquecerse, para triunfar, para alcanzar el poder. Esa es nuestra civilización. Y así nos va. Pero el amor, necedad en nuestro mundo (mundo = orden, sistema de vida dominante), es la única salvación que le queda a la humanidad. El evangelio nos indica que, para que así sea, no podemos excluir de ese amor ni siquiera a nuestros enemigos.

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Domingo 6º del Tiempo Ordinario
Ciclo A

16 de febrero de 2020
 

Más exigente es el amor

    La ley debió haber servido al hombre, cuando el hombre era niño, para que usara adecuadamente su libertad. Contaba con capacidad más que suficiente para usarla bien, pero se sirvió de ella -de su libertad- para buscarse la ruina o para arruinar a sus semejantes. Y usó la ley como excusa o como tapadera de su dejadez o su egoísmo. Y la ley fracasó.
    Por eso ahora Jesús, donde la ley prohibía algún crimen o alguna ofensa concreta, Jesús propone un ideal ilimitado de amor.

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