
Somos la tierra... y sus campesinos
La palabra de Dios, y en concreto el mensaje de Jesús, no echa raíces en cualquier sitio; dependerá siempre de la libertad de aquel que decide acogerla o no. El sembrador siembra semilla buena, pero, para que pueda germinar y dar fruto, necesita que la tierra esté adecuadamente preparada para recibirla. Si no es así, la semilla se perderá y la tierra quedará infecunda. ¿Cómo, entonces, hemos de preparar la tierra que cada uno somos, para que la semilla germine?

Ni intolerancia, ni triunfalismo, ni indiferencia
Jesús no vino a enseñarnos el camino del cielo; eso ya se conocía (Mt 19,16-19). Vino a invitarnos a trabajar para hacer que el mundo se convirtiera en un cielo, a implantar en la tierra el reinado de Dios.
En ese trabajo no caben ni la intolerancia ante la diferencia, ni el triunfalismo, ni la indiferencia ante el mal que se ha instalado en el mundo. Ninguna de estas actitudes es propia de los seguidores de Jesús, de quienes se van incorporando al Reino de Dios: firmeza, sí, pero respetuosa, orgullo sano, pero no soberbia; y un horizonte utópico esperado y empujado con los pies sobre la tierra.

Por otro mundo mejor
La vida cristiana se ha presentado muchas veces como un constante ejercicio de renuncia: renunciar al dinero, renunciar a los placeres de la vida, renunciar a las comodidades, renunciar a la ambición, renunciar, renunciar, renunciar... Pero ¿por qué?, ¿para qué?, ¿a cambio de qué?

Aprendamos a hacer milagros
En el comentario correspondiente al domingo pasado, decíamos que la opción por el reino de Dios y la necesaria renuncia a todo lo que es incompatible con él deben ser causa y efecto de alegría por haber encontrado una mejor manera de vivir. El evangelio de este domingo concreta y explicita cómo la renuncia puede ser causa de felicidad: hay que renunciar a la riqueza no porque sea bueno pasar hambre, sino para que nadie la sufra. El evangelio de hoy es una lección para que aprendamos a realizar este milagro.

Dios humanizado, el ser humano divinizado
¿Se puede considerar cristiano al que, en teoría o de hecho, no acepta que Jesús es humano, plenamente humano? ¿Y al que no acepta que él mismo puede llegar a ser —de verdad— hijo de Dios?s?
Dios quiso darse a conocer en un ser humano, su Hijo; y quiere seguir siendo conocido por medio de quienes siguen sudando y amando, llorando y gozando, viviendo y muriendo para que este mundo pueda un día convertirse en un mundo de hermanas y hermanos y, de esta manera, pueda ser un ámbito adecuado para que se revele plenamente el ser del Padre y llegue a su plenitud y se manifieste el ser de sus hijas e hijos, los humanos.

La auténtica devoción mariana
Hoy en muchos lugares, se manifestará la devoción que las comunidades cristianas tienen a María, Madre de Jesús.
Esa devoción se manifestará de muchas maneras, pero ¿en coherencia con lo que leemos en los evangelios y otros textos del Nuevo Testamento?
Acerquémonos a las lecturas de la liturgia de hoy y, con toda radicalidad, saquemos de ellas las consecuencias.

2026