
Corregir es una manera de amar
No es amor el silencio ante el mal ni, ante la injusticia, mirar para otro lado. Libres del miedo a la muerte y libres del sometimiento a la ley, los cristianos estamos en disposición de llegar a ser plenamente personas, plenamente libres y, así, dar sentido a toda nuestra vida y a la convivencia con nuestros semejantes por medio del amor. Pero el amor nos obliga a hablar con toda libertad y con toda lealtad, contra el odio, contra el egoísmo, contra la injusticia..., contra todo lo que hace sufrir injustamente a otras personas.

Nos libera y nos hace liberadores
El perdón nos libera y nos hace liberadores. El que perdona se libera a sí mismo de un sentimiento, el rencor, que daña a quien lo padece y, al mismo tiempo, libera también a quien lo recibe y reconstruye la armonía en las relaciones personales: el perdón libera a la víctima, libera al culpable y hace más libres y armoniosas las relaciones en la comunidad.

Su justicia es generosidad
Así es la justicia de Dios. Su justicia es generosidad, y esa generosidad crea igualdad: Él da a cada uno, no solo lo que se merece, sino todo lo que necesita. Frente a un orden en el que la competición permanente —provocando cada vez más desigualdad—, es el eje alrededor del cual se estructuran las relaciones humanas, personales y colectivas, el evangelio propone una generosa solidaridad que dé como fruto la igualdad, en dignidad y derechos, por supuesto; pero también en lo económico, al menos en los recursos esenciales para una vida digna.

Obras son amores
De un tiempo acá, han surgido movimientos, líderes sociales o individuos aislados a los que no dejan de proclamar con sus palabras o sus lemas su pertenencia a una fe y a una civilización cristianas, que no dejan de pregonar su compromiso en defensa de las raíces cristianas de su cultura, de su modo de vida. Pero tanta proclama y tanto pregón dejan siempre una pregunta en el aire: ¿cómo se defienden los valores cristianos? Porque si todo se reduce a intentar evitar que personas de otras creencias vengan a vivir entre nosotros puede que tanta proclama y tanto pregón no tengan nada de cristianos. Porque esos valores se defienden con la acción, con la vida: en definitiva, poniéndolos en práctica, como enseña el evangelio de este domingo. Ya lo dice el refranero español: «Obras son amores y no buenas razones»

| Domingo 27º del tiempo Ordinario Ciclo A 4 de octubre de 2026 |
Ahora nosotros somos los responsables
Los dirigentes de Israel, por su ambición y su soberbia, manipularon al pueblo e hicieron que se frustrara el plan de Dios. Jesús denuncia enérgica y claramente la culpa de los dirigentes, pero no exime de responsabilidad a un pueblo que aceptó sin demasiadas protestas el yugo que éstos le impusieron. Por eso Jesús anuncia que el Reino de Dios pasará, no a otros dirigentes, sino a otro pueblo que deberá asumir el compromiso de dar los frutos que Dios espera: derecho, justicia, libertad, amor, paz, felicidad. Que esta utopía llegue a ser real es ahora nuestra responsabilidad, si es que seguimos considerándonos pueblo de Dios.

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