Domingo 27º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Primera Lectura: Génesis 2,18-2
| Texto |
| 18 El Señor Dios se dijo: - No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude. 19 Entonces el Señor modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. 20 Así el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que le ayudase. 21 Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo; y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. 22 Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. 23 El hombre dijo: - ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del varón. 24 Por eso un varón abandona padre y madre, se junta a su mujer, y se hacen una sola carne. |
| Notas |
| No es buena la soledad. Según el relato de la creación del Génesis, el ser humano, desde su creación, está orientado a la convivencia, a construir y compartir la vida con otros seres. Sobre los animales ejerce un señorío (Gn 1,28) que se expresa en el hecho de ponerles nombre; pero entre todos ellos no hay ninguno que esté a su altura, que sea como él, es decir de su misma naturaleza y dignidad; por eso, con ellos, no es posible una relación en el mismo nivel, una convivencia entre iguales. El relato de la creación de la mujer pone de manifiesto esta igualdad en naturaleza y dignidad entre el varón y la mujer: los dos son de carne y hueso, de la misma carne y el mismo hueso. Según el autor de este relato, la vida en pareja se remonta al mismo momento de la creación y responde al plan de Dios sobre la humanidad: varón y mujer están destinados, juntos, a ser imagen de Dios comunicando la vida que se origina en su amor (Gn 1,27-28). |