Domingo 5º de Pascua - Ciclo A - Segunda lectura

1ª Pedro 2,4-9

 

            4 Al acercaros a él, piedra viva desechada por los hombres, pero elegida y digna de honor a los ojos de Dios, 5 también vosotros, como piedras vivas, vais entrando en la construcción del templo espiritual, formando un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales que acepta Dios por Jesús Mesías. Porque está dicho en la Escritura: 6 «Yo coloco en Sión una piedra angular, elegida y digna de honor: quien crea en ella no quedará defraudado» (Is 28,16). 7 El honor es para vosotros los creyentes; para los incrédulos, en cambio, es «la piedra que habían desechado los constructores la que se ha convertido en piedra angular»; 8 más, «en piedra para tropezar y en roca para estrellarse» (Sal 118,22). Ellos tropiezan por ser rebeldes al mensaje: ése es su destino.
            9 Vosotros, en cambio, sois linaje elegido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios, para publicar las proezas (Is 43,20-21) del que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz.

 

            Pedro, que se dirige a una comunidad formada por personas de origen pagano (2,10), indica que la comunidad cristiana participa de la misión de Jesús Mesías, piedra angular de un edificio del que los miembros de la comunidad forman parte como piedras vivas. Ese edificio es un templo, lugar de la presencia de Dios; y los miembros de la comunidad -todos, el grupo entero- son linaje elegido, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios, con un encargo, con una tarea que deben realizar, escogidos para publicar las proezas de Dios: la presencia de Dios en el mundo no está ligada ya a ningún lugar, ni a ningún edificio hecho con manos humanas, sino que Dios se hace presente en medio de las comunidades que viven al estilo de Jesús. La misión de mediación, propia de los sacerdotes, pasa ahora a la comunidad entera.

 

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