Domingo 14º de Tiempo Ordinario - Ciclo A -  Salmo responsorial

Salmo 144,1-2.8-11.13-14

1Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey,
             bendeciré tu nombre por siempre jamás.
 2Día tras día te bendeciré
             y alabaré tu nombre por siempre jamás.
  
 8El Señor es clemente y misericordioso,
             lento a la cólera y rico en piedad;
 9el Señor es bueno con todos,
             es cariñoso con todas sus criaturas.
 
 10Que todas tus criaturas te den gracias,
             Señor. que te bendigan tus fieles
 11 que proclamen la gloria de tu reinado,
             que hablen de tus hazañas;
 13
Tu reinado es un reinado perpetuo,
             tu gobierno va de edad en edad.
  
 El Señor es fiel a sus palabras,
             bondadoso en todas sus acciones.
 14
El Señor sostiene a los que van a caer,
             endereza a los que ya se doblan.

 

            Himno de alabanza por la grandeza de Dios que se revela en sus acciones. Éstas manifiestan, sobre todo, la esencia del ser de Dios: su misericordia.
            El perdón es una de las manifestaciones habituales del amor de Dios: «El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia». Esta es la definición que, según el libro del Éxodo, Dios da de sí mismo en el momento de la renovación de la Alianza: «El Señor pasó ante él [Moisés] proclamando: El Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados...» (Ex 34,6-7). Esta es la proporción en la que la misericordia de Dios supera a su justicia vindicativa: mil generaciones de perdón y misericordia frente a sólo cuatro de castigo.
            La bondad de Dios no se limita a su pueblo, sino que alcanza a todas sus criaturas.
            Esa bondad de Dios es lo que debe reconocer y cantar la alabanza a la que invita el salmista a los fieles y a todas las criaturas; su efecto en la tierra es el reinado de Dios, que se caracteriza por la sobreabundancia de amor y perdón y que el salmista proclama como perpetuo.